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Así nació ‘A la luna’, un cuento para grandes y pequeños

Así nació ‘A la luna’, un cuento para grandes y pequeños
28 diciembre, 2016 Luisa

Con A la luna, El Pavón Teatro Kamikaze pone en marcha uno de sus objetivos primordiales fijados con la apertura del teatro: llegar a los más pequeños.

Coincidiendo con las vacaciones escolares de Navidad, este espectáculo familiar, que puede verse en funciones matinales hasta el 8 de enero, no es una obra cualquiera, sino una delicada y meticulosa mezcla de teatro, cine, artesanía y tecnología al servicio de un cuento que funciona a muy distintos niveles: como una tierna historia de aventuras y desafíos para los niños, y como una emocionante fábula sobre la pérdida para los adultos. Hasta el momento, A la luna ya ha podido verse en Buenos Aires, París y el Festival Off de Avignon, entre otras ciudades, y prepara su desembarco en China.

Tara es una niña que pasa los veranos en la granja observando las estrellas y soñando con ser astronauta. Durante los años 60, mientras el mundo está inmerso en la carrera espacial, ella vive fascinada con las historias sobre el universo que le cuenta su ingenioso abuelo. Hasta que su ausencia la lleva a embarcarse en la misión más importante de su vida: salvar el destino de la luna con la ayuda de una peculiar bandada de gansos. Pero, ¿cómo se gestó este espectáculo que aúna video proyecciones, mapping y teatro físico? Sus creadores, Cynthia Miranda y Daniel García nos lo explican:

A la Luna, Pavon Teatro Kamikaze

«A la luna nació de la necesidad de encontrar la forma más adecuada para traducir el lenguaje audiovisual al teatro. Teníamos claro que entre nuestros elementos esenciales estaban el uso del vídeo, su integración en el espacio escénico y su combinación con el movimiento de un teatro físico. Dentro de esta búsqueda descubrimos el teatro audiovisual de la compañía británica 1927, que nos dio la clave para trabajar el vídeo sin pudor. Y a utilizarlo no solo para crear espacios y perspectivas imposibles, sino también como fuente de luz que ilumina la escena y a los actores. Queríamos hacer de las carencias que aún tiene el vídeo en teatro nuestras virtudes.
Así fue cómo, después de muchos experimentos, llegamos a la conclusión de que aquella locura que teníamos en nuestras cabezas no solo era factible, sino que era una nueva forma de hacer teatro. Con la única ayuda de un proyector y los actores, podemos viajar a cualquier lugar y contar cualquier historia.
Una vez dado primer paso nos faltaba el más complicado: encontrar la historia que encajara con nuestro lenguaje y ayudara a sacar partido a las virtudes del formato. De esta forma, A la luna surge de una casualidad, tras visitar una exposición en la que una artista había simulado enviar unos gansos al espacio exterior. En ese momento prendió la chispa de la historia. Pero sobre todo, A la luna nació de la necesidad de hablar de un mundo adulto a través de la mirada de una niña. Nuestra protagonista lleva su mundo de fantasía hasta sus últimas consecuencias, enfrentada a los límites impuestos por los adultos. Se nos planteó el reto de contar una historia que jugaba con ese mundo fantástico de Tara y su abuelo y su contraste con la realidad que la rodea.
El proceso de creación fue especialmente duro. Teníamos que ir mucho más allá de cualquier proceso creativo de ambos medios; más allá de encontrar un personaje que comunique en escena y construir toda una historia para un espectáculo en vivo; mucho más allá de crear una ficción audiovisual aún más compleja como puede ser una película de animación. El verdadero reto era que ambas piezas encajaran a la perfección. Todo tenía que estar medido para que el público se creyera aquel juego de prestidigitación donde una actriz tenía que correr, jugar o hablar con una bandada de gansos. Y para ello teníamos que contar con un equipo a la altura.

“Es emocionante ver cómo toda una generación que crece rodeada de estímulos audiovisuales se acerca al teatro de la mano de un mundo que conoce, de un lenguaje cercano a la vez que nuevo. Ya no están ante una pantalla de cine o la televisión de sus casas”

 Gracias a la excelente música de Oscar Botello pudimos contar sin palabras y acompañar cualquier momento, desde el más íntimo al más épico. Contamos con una escenografía a la altura de la precisión que el mapping requiere, de manos de Elisa Cano Rodríguez y Yeray González, y con los dibujos que ellos mismos trabajaron junto con Eva de la Cruz, que aportó su sello a través del vibrante color de cada escena. Todo su trabajo, junto con nuestro texto y animaciones, deberían encajar a la perfección con la actriz, Esther Díaz de Mera. Gracias a una coreografía que solo puede ser ejecutada con precisión milimétrica, Esther consigue que nos creamos cada movimiento, cada conversación, cada plano imposible de A la luna.
El momento preciso en el que nos dimos cuenta de que nuestro experimento funcionaba fue cuando los niños nos preguntaban cómo habíamos conseguido sacar a la protagonista de la pantalla. No había duda. Habíamos encontrado el equilibrio entre ambos mundos.

“Con ‘A la luna’ queremos que los niños sean tratados como simples adultos inmaduros y los adultos recuerden al niño que llevan dentro”

Desde entonces hemos disfrutado especialmente del contacto con el público que acude a ver las aventuras de Tara. Lo más sorprendente es ver su respuesta, cómo los adultos salen emocionados y los más pequeños se quedan totalmente enganchados a la historia. Nunca habíamos visto una obra infantil con tanto silencio por parte de los más pequeños. Al principio nos asustaba. No entendíamos qué les pasaba. Hasta que nos dimos cuenta de que simplemente no quieren perder detalle de lo que está pasando en el escenario. Pero sobre todo es emocionante ver cómo toda una generación que crece rodeada de estímulos audiovisuales se acerca al teatro de la mano de un mundo que conoce, de un lenguaje cercano a la vez que nuevo. Ya no están ante una pantalla de cine o la televisión de sus casas. Aquí la historia está sucediendo allí mismo, delante de sus ojos. Y para muchos, aquello que llaman teatro es simplemente mágico.
Con A la luna queremos que los niños sean tratados como simples adultos inmaduros y los adultos recuerden al niño que llevan dentro. Más allá del tecnicismo visual o escénico, lo importante es lo que se cuenta, la historia de una pérdida superada por las fantasías, y el poder transformador de estas dentro de la vida de la protagonista».

Cynthia Miranda y Daniel García

Creadores de A la luna

A la luna puede verse en El Pavón Teatro Kamikaze hasta el 8 de enero.